M.C.U.D.

 

MOVIMIENTO CUBANO UNIDAD DEMOCRÁTICA

"Trabajando juntos por Cuba Libre"

 
M.C.U.D.
QUIENES SOMOS
OBJETIVOS
INFO CUBA
OPOSICION
DOCUMENTOS
CUBA EN FOTOS
ARCHIVOS
EVENTOS
DONACIONES
ENLACES

 

 
 

Sucesión amarga, transición dulce: política diabética.
Por Eugenio Yáñez *

Si de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso, de la “realpolitik” al cinismo hay mucho menos.

El señor Javier Niño Pérez, funcionario de la Dirección de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea, ha logrado combinar ridiculez con cinismo, en una breve entrevista, que reproduce LA NUEVA CUBA, llevándose indudablemente las palmas en el premio a la ignorancia política.

El contundente editorial de LA NUEVA CUBA en respuesta a tamaña desvergüenza del funcionario del PSOE sobre sus palabras tras la conferencia “La política de Prevención de Conflictos en la Unión Europea”, no por breve deja de ser sólido y contundente, pero el disparatado conferencista demostró en la referida entrevista que su ignorancia política no se limita a Cuba, sino que es universal y enciclopédica.

Siguiendo el orden de la entrevista, que si no fuera por temas tan trágicos sería para reírse sin freno, es indudable que “el Niño” no ha sobrepasado la escuela elemental en política internacional.

La existencia de un enfrentamiento entre Oriente y Occidente es una “percepción” para el entrevistado, porque la “alianza de civilizaciones” propuesta por Rodríguez Zapatero “ha sido acogida positivamente, en parte porque la ONU la ha asumido como propia”.

Las Torres derribadas en New York el 11 de Septiembre, los trenes volados en Madrid el 11 de Marzo, las bombas del subway en Londres el 7 de Julio, los chantajes nucleares de las dictaduras de Irán y Corea del Norte, el inacabable terrorismo palestino y el acelerado armamentismo chino no son más que “percepciones” de un conflicto inexistente.

Porque el concepto de la “alianza de civilizaciones” lo apoya la ONU, la misma de los multimillonarios escándalos de corrupción del programa de Petróleo por Alimentos, la misma que designa a Cuba, Zimbabwe o Siria en la Comisión de Derechos Humanos, la misma que ha resultado absolutamente ineficaz para resolver esos “conflictos internos, tanto el irlandés, el vasco como el corso”, como los no mencionados de Albania, Congo, Sudán, Burundi, Argelia o muchos otros países.

La invasión y posterior proceso de democratización de Irak la refiere el señor Niño como “la aventura”. Nos dice que en Bosnia “la UE lleva comprometida políticamente y económicamente más de 10 años”, pero no menciona que fue Estados Unidos quien tuvo que arrastrar a Europa tras de sí a intervenir en los Balcanes para terminar el genocidio constante que Europa condenaba y permitía sin hacer nada efectivo.

No sabe el entrevistado lo que pasaría en Irak si salen los aliados, que él llama “la fuerza americana”, pero para él “lo ideal” sería “una fuerza neutral, de la ONU o de la Liga Árabe”. En esa “fuerza neutral de la ONU”, ¿en quien pensaría el señor Niño Pérez? ¿Estaría tal vez integrada por soldados cubanos, vietnamitas y etíopes, todos con experiencia en estancias prolongadas en el extranjero y perfecta muestra de la alianza de civilizaciones? ¿O sería mejor la Liga Árabe con tropas “muy neutrales” de Siria, Libia y Marruecos, con mucha experiencia de “pacificación”, bajo el mando de generales irakíes del antiguo ejército de Saddam Hussein?

Con relación a los conflictos internos africanos, “África es donde la UE más apoyo presta”, dice orgulloso el entrevistado. Pero en la práctica, todos esos inacabables conflictos internos en diversos países, como el Congo, Ruanda, Burundi, Sudán, Argelia, Uganda, Níger, Zimbabwe y Angola han costado al continente millones de muertos por la violencia étnica, las guerras, el hambre y las enfermedades en estos últimos años en que los gobiernos de la Unión Europea han destinado entre el 40 y 50% de sus programas para la ayuda humanitaria y el desarrollo a esa región del mundo. ¿Cuantos euros por cadáver, señor Niño, de una ayuda que resuelve poco y evita nada?

En cuanto al Oriente Medio, para el señor Niño, Europa tiene “una legitimidad que Estados Unidos no tiene”. Es que el señor Niño distribuye legitimidades con la misma generosidad que los programas de ayuda a los conflictos internos africanos. ¿Prueba de su legitimidad? La ayuda a la policía palestina y el apoyo en la vigilancia del primer puesto fronterizo del Estado palestino.

Ocurrente el Niño. Si hoy se respira, sea aunque con dificultad, en el Oriente Medio, es porque Estados Unidos negoció tratados de coexistencia entre Israel y Egipto, y después con Jordania, porque sacó al dictador Saddam Hussein por la fuerza, apoyó a Inglaterra para contener la dictadura en Libia, y presionó a Siria para que se retirara del Líbano.

Y si los palestinos, con la policía más corrupta del mundo asesorada por los europeos, no tienen aún su estado independiente, como le interesa a Estados Unidos y al mundo, es por la complicidad de sus dirigentes con el terrorismo y su negativa a establecer un estado de derecho y una democracia.

¿Sabe el señor Niño si las cuentas secretas de Yasser Arafat en Europa superan o no ese 50% de la ayuda europea al desarrollo africano? Sería una comparación interesante para hablar de legitimidad.

En América Latina, para Niño Pérez, “afortunadamente los conflictos entre países cada vez son menos”. No se acuerda el señor entrevistado de las presiones del chavismo en Venezuela contra la democrática Colombia, ahora aupadas con la venta de armamento español al caudillo venezolano, ni se da por enterado de las crecientes tensiones actuales entre Haití y Santo Domingo; para Bolivia menciona posibles tensiones “con la población indígena”, pero nada que ver con tensiones con Chile y Perú en caso de un Evo Morales presidente.

En el caso de Cuba, su respuesta es curiosamente la más extensa de la entrevista, al responder a la pregunta de “¿Que va a pasar en Cuba tras la muerte de Fidel Castro?”. Vale la pena reproducir íntegramente esta pieza política inigualable:

“En Estados Unidos apuestan que la muerte de Fidel Castro va a desembocar en una revolución rápida que va a eliminar todos los vestigios de régimen anterior. Este proceso lo pilotaría la oposición en el exilio, en Miami. No habría transición. En la Unión Europea creemos que es más factible una transición más dulce, a la española, que comenzaría su hermano Raúl Castro. Que la muerte de Fidel dé pie a una apertura. Las transiciones radicales, a mi juicio, son más peligrosas.”.

Si el primer párrafo lo hubieran planteado Ricardo Alarcón o Pérez Roque no podría parecerse más a la propaganda oficial del gobierno cubano. Pero el señor Niño no sabe (ni tampoco Pérez Roque) es que si algo de verdad teme el gobierno de Estados Unidos es una “revolución rápida” tras la muerte de Fidel Castro, donde los conflictos, el caos y la anarquía crearían una crisis muy cercana a las costas norteamericanas.

En cuanto al criterio de que esa eliminación de “todos los vestigios de régimen anterior” sería pilotada por el exilio en Miami, hay una falacia junto con una mentira.

Más tarde o mucho más temprano, afortunadamente, el estado de derecho y el gobierno democrático de una Cuba nueva borrarán los vestigios del nefasto régimen actual, pero no como dicen Fidel Castro, sus acólitos y Javier Niño, producto de una confabulación mafiosa en Miami, sino como resultado de la soberana voluntad del pueblo cubano, expresada en elecciones libres y transparentes.

Si el ilustre conferencista supiera algo de historia de Cuba, sabría que ya en 1898 y en 1933 los cubanos supieron hacer su “transición” sin tener que clamar por la bendición de los europeos, aunque también es cierto que con la ayuda de Estados Unidos. Que esa sea “la hipótesis con que trabajan los americanos” claro que no es desacertado. Que eso le quite el sueño al señor Niño, a la cadena hotelera Meliá y a trasnochados socialistas españoles, no es asunto nuestro, sino de ellos.

Pensar que es más factible “una transición dulce, a la española”, es confundir lo deseable con lo factible, válido para enamorados pero no para analistas políticos. La transición española, efectivamente, es un ejemplo de un proceso de democratización bien llevado, pero no fue una transición desde el totalitarismo, la economía española prosperaba, y sus ejecutores no fueron elementos vinculados a lo más oscuro del franquismo.

Todo lo contrario a Cuba, sumida en la noche del totalitarismo, con una economía en crisis y que empeora cada día, y donde los supuestos ejecutores de la transición no serán designados por el monarca moribundo, sino aquellos que se perciban a sí mismos como herederos de la antorcha, antorcha que por otra parte puede terminar en Venezuela en una de las últimas jugadas del tirano.

Si el señor Niño no hablara tanto y tuviera tiempo de leer más, tal vez le convendría leer “SECRETO DE ESTADO. LAS PRIMERAS DOCE HORAS TRAS LA MUERTE DE FIDEL CASTRO”, por Eugenio Yáñez y Juan Benemelis. (Benya Publishers. Primera Edición, Mayo 2005, Segunda Edición Julio 2005).

En esa novela de política-ficción que definimos como “escenario posible”, Raúl Castro comienza a asumir el poder intentando mantener en secreto la muerte del tirano, pero de inmediato tropieza con la resistencia de integrantes del círculo íntimo del poder, que no están dispuestos a que todo siga igual o a quedar fuera del pastel. Sin embargo, tanto los “raulistas” como sus oponentes saben que Cuba puede vivir sin España, pero de una forma u otra (amor u odio) no puede ignorar a Estados Unidos.

Raúl Castro tendrá que dejar paso inexorablemente a un proceso de transición en Cuba no por un desacuerdo conceptual con las políticas de su fallecido hermano, sino por una imposibilidad pragmática de mantener un régimen de horca y cuchillo que sea capaz de sobrevivir a su nefasto creador, y por la necesidad de buscar una salida donde se puedan minimizar los estragos y daños personales de los actuales personeros.

No será una transición “más dulce, a la española” como dice Niño, sino “más amarga, a la cubana”, porque son los cubanos quienes van a dirimir sus diferencias y buscar las soluciones a la tragedia nacional.

Para infortunio del señor Niño y los socialistas españoles, capitalistas de pacotilla y perseguidores de jineteras de los cuales él resulta su vocero hoy, los actores de estos escenarios posibles serán, además del pueblo cubano, naturalmente, Estados Unidos (por su innegable influencia y potencialidad en el futuro desarrollo político y económico del país), la heroica disidencia que resiste cárceles y mítines de repudio mientras los socialistas españoles dan eruditas conferencias que los ignoran y tratan de “endulzar” al carcelero, y el exilio cubano, los millones de cubanos fuera del país en todo el mundo, y no solo en Miami.

Lamentablemente (para el señor Niño), los europeos tienen un espacio secundario y más lejano en el tiempo en la Cuba que viene, y no para decidir cuestiones que solamente competen al pueblo de Cuba, sino tal vez para participar en procesos de inversiones o ayuda al desarrollo. No tiene sentido llamar en la reconstrucción de Cuba a los que fueron cómplices de su destrucción haciendo negocios con el tirano. ¿Qué podrían enseñarnos?

Este futuro inexorable de Cuba lo ve el señor Niño Pérez como una transición radical, de las que considera que son “las más peligrosas”. El prefiere la transición edulcorada, como se diría en Cuba “suave, fresca y bajita de sal”, pañitos calientes, amagos de apertura, y un castrismo sin Fidel Castro donde los gobernantes siguieran permitiendo el apartheid que tanto gusta a la cadena Sol-Meliá, y los súbitos españoles expresaran la alianza de civilizaciones persiguiendo jineteras en el Malecón.

Cuando pensamos en aquel continente muchas veces decimos “la vieja y culta Europa”, reconociendo su experiencia milenaria y sus aportes a la cultura y la civilización occidentales. Y con razón. Pero Europa también es mucho más que Javier Niño Pérez y los socialistas españoles que pactan con el tirano y le quieren endulzar la sucesión.

Europa es además, mucho más, la Europa que parió hombres como Vaclav Havel y Lech Walessa, que hicieron la transición del totalitarismo a la democracia sin azúcar ni sangre inútil, como Tony Blair o José María Aznar, que no necesitaron vivir bajo el comunismo para ser fieles a sus ideales democráticos y apoyar a los que sufren bajo las dictaduras, como Winston Churchill y Charles de Gaulle, que supieron siempre que es imposible apaciguar a los tiranos, como Voltaire, Rousseau y Tocqueville, que vislumbraron un mundo como el que no tenemos los cubanos y donde ni Niño Pérez ni Rodríguez Zapatero aceptarían vivir con sus familias.

LA NUEVA CUBA tiene mucho prestigio y amplia y extensa circulación internacional, y tal vez estos criterios lleguen de alguna manera al conspicuo conferencista Javier Niño Pérez, funcionario de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea y miembro del PSOE.

Como hubiera dicho el ilustre europeo, no estoy de acuerdo con las opiniones del señor Javier Niño Pérez, pero puedo defender sin vacilar su derecho a expresarlas libremente y sin temores. ¿Podrá decir él lo mismo sobre las opiniones de los disidentes dentro de la Cuba amarga de hoy para quien él desea una transición empalagosa y diabética?

Desconozco las calificaciones educacionales del señor Javier Niño: muy posiblemente ostente título universitario y se exprese en varios idiomas. Pero en estos temas políticos, más que impartir conferencias universitarias, parece más apropiado recibir clases en primaria.

No quiero ser irrespetuoso con el señor Niño para terminar, pero me pregunto, según la mejor tradición cubana, al referirse a los menores que participan en conversaciones de los mayores sin tener conocimientos para ello: ¿Cuándo es que los niños hablan?


* Eugenio Yáñez es analista, economista y un especialista en la realidad cubana. Ha publicado varios libros y junto a Juan Benemelis es autor de "Secreto de Estado. Las primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro" (Benya Publishers, Miami, mayo de 2005).


Fuente: La Nueva Cuba
Diciembre 15, 2005