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Castro prepara la sucesión...a su manera.
Por Eugenio Yáñez *

No es necesario desgastarse buscando indicadores económicos, proyecciones, análisis profundos de las inversiones y su rendimiento, o balanza de pagos, para entender lo que está sucediendo en Cuba en estos días. Es mucho más sencillo: el Comandante en Jefe está preparando la sucesión… a su manera.

Antes que los “expertos” en temas cubanos comiencen a explicarnos el por que de las medidas que el dictador cubano ha desatado en estos días en los sectores económicos, en medio de la llamada lucha contra la corrupción y los “nuevos ricos”, sería bueno entender que estas medidas “económicas” no tienen nada que ver con la economía, sino con la política y la represión.

Ojalá que esos “expertos” resistan la tentación de decirnos que Castro ahora recibe casi cien mil barriles de petróleo diario de Venezuela, y por eso siente la economía cubana más sólida. La Unión Soviética le enviaba durante los años ochenta más de un millón de barriles diarios, diez veces más que la “donación” chavista, pero la economía cubana no prosperó ni en esas condiciones.

¿Cuál es la solidez actual de la economía cubana?

· un turismo con siempre crecientes costos y márgenes de ganancia decrecientes, que mientras más turistas trae al país menos gana;

· una industria biotecnológica de inversiones faraónicas que no logra colocar productos en mercados realmente competitivos y con verdadero poder de compra, y se limita a vender a mercados “cautivos-amigos” en Venezuela, Irán, Sudáfrica, Angola o Libia, soñando con un día poder vender y copar el mercado en China o Brasil, pues sabe que “en las entrañas del monstruo” no puede competir;

· una deuda externa impagada e impagable, y un gobierno paria en el mundo financiero, no a causa del “bloqueo” de la cumbre de Salamanca, sino de su fama de mala paga;

· unas reservas de petróleo remotas e intangibles que no se concretan nunca, y que de concretarse necesitarían muchos años para dar resultados.

No se trata de sacar petróleo del subsuelo, algo relativamente sencillo con las tecnologías contemporáneas, sino de sacar dinero del petróleo, algo que el gobierno cubano no sabe ni puede hacer. No es traer miles de turistas a las playas, sino de obtener legalmente miles de dólares de cada turista a través de un excelente servicio y la eficiencia. No es fabricar la mejor vacuna, sino dominar el “marketing” para convertirlas en dinero.

Y más importante aún: es saber utilizar el dinero para elevar el nivel de vida y las opciones de la población, y para realizar inversiones en los sectores adecuados y en los momentos oportunos, y eso aceptando que las inversiones y la distribución centralizada de los recursos por parte del Estado fuera superior a la gestión privada, lo que más de setenta años de experimentos fallidos no corrobora.

Hugo Chávez, “Tirofijo” y Muamar el Khadafi reciben cada año miles de millones, como recibieron Sadam Hussein o Fidel Castro: pero el nivel de vida de la población de Singapur o Costa Rica, sin mucho territorio, petróleo, narcotráfico, subsidios soviéticos ni líderes iluminados es extremadamente superior. No es casualidad.

Cada cierto tiempo, el dictador cubano anuncia una nueva ofensiva revolucionaria y el Gobierno se lanza en una campaña anti-algo, que esta vez “sí va a resolver el problema”, cualquiera que sea. La culpa siempre es de los otros.

Y vienen entonces semanas y meses monotemáticos, donde todo lo demás pasa a segundo plano en la propaganda, los titulares periodísticos oficiales y los aburridos discursos de los “dirigentes” de turno, repitiendo, cada uno en su más o menos limitado lenguaje, lo mismo que dijo el Comandante en Jefe.

Al triunfo de 1959 comenzó una revolución dirigida por el Comandante en Jefe que acabaría con los ricos, la corrupción y las desigualdades, para elevar el nivel de vida de la población.

En los años sesenta Cuba vivió la “ofensiva revolucionaria” dirigida por el Comandante en Jefe, que acabaría con los “nuevos ricos”, la corrupción y la escasez.

En los setenta, la “institucionalización socialista” dirigida por el Comandante en Jefe acabaría con los “nuevos ricos”, la corrupción y la escasez para elevar el nivel de vida de la población.

En los ochenta, el “proceso de rectificación” dirigido por el Comandante en Jefe acabaría con los “nuevos ricos”, la corrupción y la escasez.

En los noventa, el período especial dirigido por el Comandante en Jefe mantendría los “logros de la revolución” para elevar el nivel de vida de la población.

En la actualidad, se toman medidas dirigidas por el Comandante en Jefe para acabar con los “nuevos ricos”, la corrupción y la escasez, para elevar el nivel de vida de la población.

En la próxima década… afortunadamente las cosas serán diferentes.

Olvidemos la economía, las cifras y los indicadores económicos de cualquier tipo: es algo más complejamente sencillo, o tal vez sencillamente complejo: el control de la población y la represión sobre ella es tarea de los órganos de la seguridad SOLAMENTE cuando falla el mecanismo represivo fundamental del gobierno: el pauperismo de la población, el racionamiento y la dependencia absoluta del individuo con relación al Estado.

Cuando una persona recibe dólares del exterior, o los obtiene en el país, o puede obtener dinero sin ser empleado del estado, y puede comer o vestirse sin necesitar exclusivamente de las “asignaciones” de la OFICODA, la Libreta de Abastecimientos, los “bonos” del sindicato o la bendición del CDR, se convierte en un enemigo potencial y real, en un fantasma que recorre Cuba.

No tiene tanto dinero un cuentapropista, un campesino privado, un dueño de paladar, un empleado del turismo, un cubano que recibe dólares del exterior o un funcionario corrupto. Pero todos estos tienen en común algo imperdonable en la paranoia castrista: una capacidad de independencia que lo protege del estado omnipresente y todopoderoso.

Cada uno de estos individuos tiene algo en común, muy significativo: no necesita la bendición de ningún Comandante para subsistir, por lo que no necesita subordinarse incondicionalmente al patriarca: no salen a gritarlo con pancartas o panfletos, ni se reúnen en asambleas contestatarias u organizaciones disidentes: tal vez hasta aplaudan si hace falta para que no les molesten, o hasta lleven en el bolsillo un carnet de algo.

La heroica disidencia cubana soporta represiones, va a la cárcel, sufre humillaciones y golpizas, hace declaraciones, y reta al gobierno cada día con sus acciones. Pero esta cada vez más mayoría silenciosa con medios de subsistencia propios, que no necesita subordinarse al Comandante ni asistir al círculo de estudio para malcomer y malvivir, en cada gesto independiente, en cada plato de comida o pizza de paladar, en cada video no aprobado o cada camisa sin libreta, cuestiona al tirano y su poder, y muestra el camino posible en una Cuba sin Comandante.

Castro llama a los desposeídos, a los pobres de la tierra, es decir, a los que él mismo desposeyó y empobreció, a reprimir a los que no necesitan, de hecho, porque no de derecho, subordinarse a su arbitrariedad y su tiranía.

Una vez más: ahora en las gasolineras, los agromercados, y muy pronto en las farmacias, o donde quiera que haga falta. “Boinas rojas” de las tropas especiales, dirigidos por un Gerente-Interventor, general cubano de apellidos chinos, experto en cohetería, “administran” el Puerto de La Habana para tratar de controlar la corrupción.

Coroneles y Tenientes Coroneles administran el turismo para lo mismo. Altos oficiales controlan el Grupo de Administración de Empresas (GAESA), buscando divisas a toda costa. Generales ya probados en la guerra “desadministran” la industria azucarera, el transporte, la electrónica y las construcciones.

Para intimidar la disidencia ha bastado hasta ahora el silencio oficial, los mítines de repudio, las brigadas de respuesta rápida, los juicios sumarísimos, y el silencio cómplice de los gobiernos extranjeros, con honrosas excepciones.

Para frenar este proceso, donde la represa cada vez tiene más grietas por donde se escapa el agua, y estos contestatarios que sin hablar se desentienden del Comandante y actúan cada vez con más independencia económica, no alcanzan los generales y coroneles del inmenso aparato represivo del castrismo.

Castro sabe que, biológicamente, no le queda mucho tiempo, a pesar de la adulonería de sus médicos. Políticamente se considera eterno, pero para que su obra perdure debe dejar al país en el desastre absoluto, para que nadie sea capaz de enderezarlo en mucho tiempo.

Casi medio siglo de poder absoluto le han enseñado a destruir el país. Lo que muchas veces le ha demostrado ser lo imprescindible para mantenerse en el poder, que es empobrecer al país y consolidar la represión, es lo que repite ahora al final de su vida para tratar de asegurarse un final feliz… a su manera.

No hay que buscar en la economía, las cifras o el análisis económico para entender lo que está sucediendo en Cuba: es imposible.

El análisis tiene que ser político. Al fin y al cabo, así ha sido durante casi cuarenta y siete años. ¿Por qué habría que cambiar ahora?

No hay que contar los dólares que Chávez le regala al tirano, sino los que dispone un grupo de la población cubana que no necesita del Comandante. Eso es lo que realmente le asusta. Lo que trata de evitar. Lo que profundizará la crisis más aún.

Esto no tiene que ser necesariamente lo que más nos gusta. Pero en política, lo que nos guste o disguste no tiene importancia, comparado con lo posible y lo inexorable.


* Eugenio Yáñez es analista, economista y un especialista en la realidad cubana. Ha publicado varios libros y junto a Juan Benemelis es autor de "Secreto de Estado. Las primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro" (Benya Publishers, Miami, mayo de 2005).
 

Fuente: La Nueva Cuba
noviembre 15, 2005